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El egocentrismo de los mandatarios

Sí, eso es. El egocentrismo de los mandatarios es la lacra del deporte. Presidentes que no soportan que todas las miradas, aplausos y ovaciones recaigan sobre sus entrenadores o seleccionadores, que son aclamados por multitudes. Trabajar desde la sombra no les va a estos chulapones de asfixiante corbata, normalmente engominados y fosilizados en un sofá de piel o cuero que no soltarán de manera gratuita.

Lo vimos hace unos días con el esperpento de Pedro Muñoz en la Federación Española de Tenis. Un presidente que se ríe de los propios tenistas de nuestro país, que acomete contra leyendas de la raqueta como Carlos Moyà o Juan Carlos Ferrero, y se burla de que Rafa Nadal todavía no haya subido al eslabón más alto del Ranking ATP, ninguneándolo de la manera más ruín y cobarte, por SMS, como los niños pequeños.

Los máximos responsables no soportan trabajar en un segundo plano, gestionar y dirigir sin que su nombre salte a la palestra. José Luis Sáez, ahora, presidente de la Federación Española de Baloncesto, amenaza con destituir a Pepu Hernández antes de los Juegos Olímpicos. Pero, ¡hombre de Dios! ¡Si Pepu ha sido el artífice que España gane por primera vez en su historia un MundoBasket -frases como éstas son las que le hacen daño al presidente-! Si en el pasado europeo no nos colgamos el oro por una canasta errada en el último segundo. ¿Pero este sabe lo que dice? Evidentemente no, el egocentrismo que sufren los mandatarios debe ser una enfermedad de estas que te evita ver la realidad con objetividad, tal y como es.

Estos dos ejemplos hacen, incluso, que veamos con buenos ojos a Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol. Sí sí, ‘con buenos ojos a Villar’ he dicho. Aunque él se eterniza en su cargo, por lo menos no pretende estar en primera plana día sí, día también. El sempiterno presidente se conforma con viajar de gorra paseando a su mujer por los lugares más exóticos del planeta, ¡que no es poco! Su entromisión en los asuntos deportivos suele ser menor, delegando en hombres de paja del estilo Fernando Hierro, que con su paraguas parará otros tantos vendavales para facilitar la continudad del ‘presi’ en el cargo. In secula seculorum.

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