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España, una montaña rusa

España vive en una montaña rusa emocional y futbolística, que siempre aparece en los momentos previos a los grandes acontecimientos. El tobogán emocional es el fruto que nace de un país maniqueísta, incapaz de encontrar el término medio y acostumbrado a apuntarse a cualquier fiesta y a cualquier precio. Es la España de las sevillanas, el vino, el jamón y el Carpe Diem: aprovecha el momento porque no sabrás qué sucederá en el futuro; en consecuencia, baila, come, bebe y déjate llevar por las emociones. A la estirpe española, detallada anteriormente, se suma el sensacionalismo de la prensa deportiva, la que más lectores tiene en un país donde suben el gas y el pretóleo, el paro, la inmigración y el agua se agota. Pero la cuestión en España sigue siendo de pelotas… y gordas. Con este contexto, es normal que a medida que se acerque un Mundial o una Eurocopa se piense en el triunfo, por mucho que ya los fracasos son tan incontables como esperados.

Si la montaña rusa emocional es el código de barras del país (sufrimos ante Perú y hay dudas, ganaremos a Rusia en el debut y seremos campeones), no se puede decir lo mismo de la futbolística. Tanto se habla de estilo que nos olvidamos de que al fútbol se juega para ganar: analizando al rival, viendo sus defectos y potenciando las virtudes propias. España siempre fue la furia, y siempre dependió de los grandes jugadores de su momento: Luis Suárez, Butragueño, Raúl… Hasta que la demagogia impregnó, lamentablemente, a todos. Una selección no puede construir un equipo y marcar un estilo, porque en los grandes acontecimientos se premia más el sudor que el cerebro. Italia ganó el Mundial haciendo un grandísimo juego, cuando aquí se hablaba de que el suyo era el ‘catenaccio’. La Francia menos Francia de los años últimos alcanzó la final. La Alemania más limitada, pero trabajadora, llegó a semifinales. A España le ocurre lo mismo que a Argentina. Se habla tanto del estilo que se olvida que a estos eventos se va a competir y no a crear tendencias. El juego de España, salvo algunos destellos, transmite tedio, lentitud, prepotencia… “El balón se tiene para hacer daño”, decía Menotti. “Tener más el balón no significa tener más ocasiones”, añadía. Pero es normal que la demagogia haya envuelto el fútbol en un país donde hablar de cómo 22 jugadores corren detrás de un balón es el primer problema de sus habitantes, aunque su equipo no enamore.

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