Ganar o ¿desistir?

Ganar o ¿desistir?. Éso es lo que debe estar rondando por la cabeza de Roman Abramovich en el día de hoy. El ruso aterrizó en Londres con su interminable talonario con la intención de hacer ganar a un segundón equipo de la capital británica el mayor título europeo, la Liga de Campeones. El hombre tenía ese capricho.

El multimillonario ruso trajo al Chelsea a Mourinho como técnico, fue su primer fichaje, convirtiéndolo en la pieza angular de su ambicioso proyecto. Un entrenador que acababa de alzarse con el máximo título europeo dirigiendo al Porto de aquel Deco que maravillaba a toda Europa, y que parecía ser el hombre perfecto para conseguir la machada de hacer del Chelsea un equipo campeón. Le han seguido jugadores de grandísima calidad como Carvalho, Ferreira, Cole, Ballack o Malouda. Sin embargo, casualidad o causalidad, pero sólo cuando Mourinho es destituido, tres campañas después, es cuando el conjunto inglés tiene la opción de ganar la primera Champions League de su historia. De momento, y por primera vez en sus 103 años de vida se ha plantado en una finalísima europea. Pero no le ha costado poco al bueno de Abramovich. Tres fracasos preceden a la final de hoy. Tres intentos y fallidos y muchos millones de euros derrochados. El más claro ejemplo, el del ucraniano Shevchenko, que nunca ha acabado de cuajar en Stamford Bridge, tras una brillante trayectoria futbolística en el AC Milán.

Hoy, el Chelsea saldrá a ganar. Tiene un equipo para hacerlo, desde la portería con Cech, hasta la delantera con Drogba y Malouda; sin olvidarnos de Carvalho, Lampard, Essien o Joe Cole. Un equipo que asusta. Un equipo hecho para partidos como el de hoy. Un equipo para ganar, ganar, ganar… o desistir. Si vencen, ¡enhorabuena Chelsea, enhorabuena Abramovich! Si pierden, tendrán que meditar si vale la pena volver a intentarlo.

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