Nacional “barre” en el Superclásico
Con espectacular goleada de Nacional por 3 a 0 a Peñarol, se definió el superclásico del fútbol uruguayo, El favorito era el equipo tricolor que llegaba como líder del certamen, 2 puntos sobre Liverpool y 3 sobre Defensor Sporting y así lo demostró.
La fiesta como suele suceder se vivió desde muy temprano, los alrededores del mítico estadio Centenario, enclavado en un hermoso lugar como lo es el Parque Batlle (suerte de pulmón de la ciudad), comenzó a vestirse de fiesta con los tradicionales colores, rojo, azul y blanco por un lado y amarillo y negro por otro. Casaquillas (playeras), gorros, banderas y demás artilugios se expenden al por mayor, para darle al paisaje el entorno esplendoroso que solo estos dos equipos pueden realizar (excepto cuando juega la “Celeste”, claro).
Los “Albos” rápidamente se pusieron en ventaja, tras grave error del portero Sosa, que rechaza con la cabeza y deja libre de definición a Regueiro (ex Valencia), quien con una perfecta vaselina anota el primer tanto del encuentro. Nacional se apoderó del juego y Peñarol de los nervios, así se fue forjando el primer tiempo, hasta que en notable combinación, Lodeiro (la gran figura del espectáculo), recibió gran asistencia de Regueiro y con regate ante Sosa anota el segundo gol de los “Bolsos”.
Antes de culminar la primera, Olivera, es interceptado ilegalmente por la defensa, pero el colegiado desestima lo que debería haber sido un claro penal (penalti) para los “Carboneros”. El complemento tuvo mucho más animador a Peñarol que salió con rabia en busca de la paridad, mientras su rival solamente se preocupaba por mantener la diferencia.
Nuevamente los aurinegros tuvieron un penal a su favor, pero otra vez el árbitro vio completamente al revés la incidencia y sancionó falta al ataque. El juego se cerraba pasado los 30´, cuando “Morro” García, recibe en zona caliente un balón de Lodeiro y define fuerte y arriba para darle el golpe de gracia al conjunto mirasol.
Final con triunfo justo para Nacional que siempre fue más que su rival, pero que no necesitaba la ayuda del juez para doblegar a una pobre expresión de su tradicional adversario.
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