Por la boca muere el pez, hermano Samuel

Hermano Samuel -como te llama el palmero radiofónico que te ríe las gracias, te encumbra cuando llegan los éxitos y no dice ni ‘mú’ cuando sacas tu peor cara, tapando tus continuas meteduras de pata- deberías saber que han habido muchos jugadores que no han sido nunca los número 1, no por falta de calidad, sino por falta de carisma o humildad. Te quejabas cuando en el Barça de la Champions todos elevaban a Ronaldinho a los altares, dejándote a ti en un segundo plano. Sólo el palmero radiofónico creía que tú eras el alma del Barcelona, él y su séquito. Hermano Eto’o, armaste un ‘pollo’ monumental cuando mejor estaba tu equipo por celos, en Vilanova; rompiste el vestuario y rompiste el que tenía que ser el mejor equipo de la historia del FC Barcelona.
Hermano Eto’o, por la boca muere el pez. Deberías mostrar toda esa garra en el terreno de juego, no pegando cabezazos a los periodistas ni sacando lagartos por la boca cuando las cosas no van bien. Ahora, los periodistas camureneses, que te tenían por un Dios en su país, piden cárcel para ti, hermano Eto’o. Samuel, si quieres algún día llegar a ganar ese Balón de Oro que tanto anhelas deberás saber, que hace falta algo más que ser un gran goleador, primero deberías ser una gran persona. Y no sólo con los niños, con los que te portas de manera excepcional siempre, tanto con los de Brunete, como con los de todas partes, si no con todo el mundo. Porque, hermano Eto’o, los que de niños te admiramos, cuando crecemos, lo vemos y entendemos todo mucho mejor. Y, lamentablemente, te dejamos de admirar.
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